Brasil y las reformas de Temer son una botella lanzada al mar, pero sin ningún mensaje que de certidumbre a la gente y mejore la imagen del Presidente producto de un golpe parlamentario

El presidente de Brasil Michel Temer. Foto: AFP

POR CLAPSI.

1) El inicio de Temer.

Al iniciar su gobierno Temer indicó que para la “recuperación” de la economía de Brasil es necesario apuntar a los mercados internacionales y para ello, anunció una agenda neoliberal que se inclina hacia la privatización.

La nueva agenda de Temer, incluye aumentar la participación extranjera en los recursos energéticos de Brasil, algo que, según él, “comenzará flexibilizando la legislación sobre el modelo productivo del Presal”.

“El Gobierno no puede sobrellevar todas las demandas de un pueblo, se necesita la inversión privada y eso es lo que yo haré”, aseguró Temer al iniciar su mandato.

Temer, con el nombramiento de Henrique Meirelles como nuevo ministro de Finanzas, “buscará contentar a los mercados financieros internacionales aportando un punto de seriedad y ortodoxia a la política económica de un Gobierno ilegítimo e impopular”, indicó el profesor de Economía de la Universidad de Campinas, Guilherme Mello.

Temer manifestó su “convicción de que es preciso rescatar la imagen y credibilidad de Brasil en el concierto interno e internacional”, a fin de que “los empresarios y los trabajadores se entusiasmen y se retome la seguridad de las inversiones”.

Sin embargo, Mello explicó que “las primeras medidas se centrarán en reducir considerablemente el gasto social y eliminar los derechos de los trabajadores para beneficiar al sector empresarial”.

Temer, durante una ceremonia privada celebrada en la sede del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), ratificó su apoyo a una reforma del sistema de jubilaciones.

El argumento del político brasileño para aplicar la medida es “reducir la enorme carga de deuda del Estado y recuperar la confianza de los inversores”, según dijo uno de sus principales asesores.

2) La continuidad del plan de Temer

El impopular presidente proseguirá con la agenda que ha impulsado la moneda y el mercado de valores.

Según lo expresado por el presidente Michel Temer, Brasil seguirá adelante con un programa de reforma económica que ayudó a hacer que el mercado de valores y las divisas del país fueran los de más sólido rendimiento entre los mercados emergentes el año pasado.

En una entrevista con el Financial Times, el Sr. Temer también advirtió sobre los peligros para la región de una guerra comercial entre Washington y México, e indicó que existía un intenso interés en el país por parte de China, ya que este país busca consolidar su lugar como el mayor socio comercial de la región por delante de EEUU.

Desde que el gobierno centrista y proempresarial del Sr. Temer llegó al poder — después de la destitución de la expresidenta de izquierda Dilma Rousseff en agosto — el presidente aprobó una ley que limita a cero en términos reales los futuros aumentos presupuestarios; comenzó el proceso de una difícil reforma de las pensiones; y ahora planea aprobar otras tres reformas a las leyes educativas, laborales y fiscales antes de las próximas elecciones de 2018.

“Creo que el programa de reforma logrará sus objetivos. El límite de gasto se aprobó en un tiempo casi récord. Aprobamos una reforma extremadamente difícil en cuatro meses y medio”, señaló el Sr. Temer.

La mayor economía de Latinoamérica sufrió su segundo año de profunda recesión en 2016, encogiéndose en una proporción de más del 3 por ciento. Pero su moneda se ha fortalecido frente al dólar más del 20 por ciento durante los últimos 12 meses, y el mercado de valores subió un 37 por ciento en términos de moneda local por las perspectivas alcistas resultantes de las reformas.

Numerosos analistas son escépticos en cuanto a que el repunte perdure, y señalan que la anticipada recuperación económica de este año será anémica en el mejor de los casos, con una encuesta de los economistas realizada por el banco central apuntando hacia un crecimiento del 0.5 por ciento.

El Sr. Temer, un abogado de 76 años, reconoció que la recuperación sería lenta con la industria operando a baja capacidad y con el desempleo — el cual alcanzó un máximo del 12 por ciento en diciembre — tomando tiempo para disminuir.

Pero el presidente Temer declaró que el gobierno estaba tomando medidas de estímulo, incluyendo la inyección en la economía de hasta R$30 mil millones (US$ 9.6 mil millones) de un fondo central de garantía de empleo y esfuerzos para reducir las tasas de interés de las tarjetas de crédito del país, las cuales están entre las más altas del mundo alcanzando hasta un 480 por ciento.

“Estamos saliendo de la recesión”, declaró el Sr. Temer.

La reforma del generoso sistema de seguridad social del país, la cual aumentará la edad de jubilación a 65 años de la actual media de 54 años, pudiera ser promulgada como ley a partir del segundo trimestre de 2017, comentó el presidente Temer.

Según lo señalado por el Sr. Temer, el gobierno también tenía la intención de aprobar una ley este año para abordar el rígido código laboral de Brasil — el cual argumentan los empleadores impide la contratación — y para abordar el moribundo sistema educativo escolar del país, el cual produjo unos de los resultados más bajos de las clasificaciones mundiales. Una vez que estas reformas fueran aprobadas, el gobierno intentaría simplificar el complicado código tributario del país, a menudo citado como una de las razones claves de la falta de competitividad de Brasil.

A pesar de las reformas, su gobierno sigue siendo uno de los más impopulares en la reciente historia de Brasil, con sólo el 15 por ciento de los encuestados en una reciente encuesta de Pulso expresando aprobación del presidente.

 “Preferiría que, en vez de ser aplaudido ahora por gastos populistas insostenibles, me aplaudieran luego”, él agregó. “Ése es mi objetivo”.

Pero otra de las razones de la baja popularidad de su gobierno es una extensa investigación sobre corrupción en la petrolera estatal Petrobras, la cual ha implicado a numerosos miembros de su gobierno y de su partido, incluyendo al propio presidente.

El Tribunal Superior de Justicia está guardando el testimonio sellado de 77 ejecutivos de la constructora Odebrecht, el cual incluye una acusación de que el Sr. Temer había solicitado donaciones ilegales para su partido, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), cuando era presidente del mismo.

El presidente Temer dijo que sólo había solicitado donaciones legales. Y prometió que habría “cero” interferencias de su gobierno en el caso.

Sobre las políticas del presidente estadounidense, Donald Trump, el Sr. Temer comentó que una guerra comercial entre EEUU y México podría ser disruptiva para el comercio regional en su conjunto y “no sería útil, nosotros pensamos, ni para EEUU ni para ninguno de los países en Latinoamérica”.

EEUU es el segundo mayor socio comercial de Brasil y un importante mercado para los productos manufacturados brasileños, tales como aviones civiles.

Los economistas opinan que la retirada de EEUU del comercio regional crearía más oportunidades en Latinoamérica para China, el cual ya es el mayor socio comercial de Brasil.

El Sr. Temer explicó que las compañías chinas eran sólidos contendientes en 34 concesiones para puertos, aeropuertos, carreteras y otros proyectos de infraestructura ofrecidos por su gobierno.

“Los chinos planean invertir en grande en Brasil . . . y están muy interesados en estas concesiones”, dijo. Temer.

3) El más difícil desafió de Temer.

Pero el mayor desafío de Temer no es económico sino político. Y no se trata de remontar su bajísima popularidad. Se trata de sacar del próximo juego presidencial al político más popular de Brasil, que sigue siendo el expresidente Ignacio Lula da Silva.

Para eso la derecha empresarial, mediática, jurídica y política está dispuesta a recurrir a todas las armas legales e ilegales que el sistema le proporciona. Pero Temer debe encabezar la estrategia anti-Lula desde la Presidencia.

La pregunta al respecto es si se atreverá y, sobre todo, si tendrá éxito.

Vale la pena recordar que en Argentina en el siglo pasado solo las dictaduras militares sanguinarias sacaron del juego presidencial  a Juan Domingo Perón.

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