“Conexión de Trump con Rusia” ¿es lucha política interna en USA o cortina de humo para ocultar la ineptitud de la CIA y encubrir su arsenal cibernético?

Por CLAPSI.

Las filtraciones que Wikileaks  publicitó mundialmente, fueron seguidas de irónicos comentarios de Julián Assange, sobre la obsolescencia y desvastadora incompetencia de la inteligencia norteamericana, para cuidar un gigantesco sistema de control de teléfonos, ordenadores y televisores conectados a Internet, que luego le fue robado y entregado a Wikileaks.

Hay dos aristas de igual agudeza en este asunto.

La primera es la falta de ética y la violación de múltiples normas internacionales, que implica desarrollar un sistema de esa magnitud, para intervenir en la vida privada de millones de ciudadanos, entre los cuales hay jefes de estado, parlamentarios, magistrados, periodistas, gentes del arte o sencillos habitantes de todos los países, incluyendo Estados Unidos.

La segunda es la incompetencia del poderoso sistema de inteligencia de USA, para ocultar semejante crimen moral y legal , hurtado por un hacker que se lo entregó a Wikileaks.

El tema era suficientemente importante, como para generar varias grandes investigaciones periodísticas, más aún después de que la Casa Blanca declaró que el hecho connotaba una peligrosas obsolescencia y desactualización en los sistemas de seguridad de la CIA. Pero la noticia duró poco en las grandes transnacionales de la comunicación.

No pudo competir con la actualidad permanente que tienen las noticias y comentarios sobre las conexiones de Trump y su equipo con Rusia, siempre acompañados del comentario de que la fuente es reservada o de que no hay pruebas documentales respecto de lo que se afirma.

Y ese es otro tema sobre el que vale la pena reflexionar. La rusofobia es un fenómeno psicosocial estratégico, impulsada por el poder mediático occidental, que convierte a cualquier conversación con un funcionario ruso de distinto nivel por parte de alguien del entorno de Trump, en una peligrosa conspiración contra la seguridad de USA, la OTAN y Occidente…La transnacional de los medios de comunicación en el siglo XXI ha relevado al Senador Maccarty en su tarea de descubrir a los infiltrados agentes del enemigo ruso…

Vale la pena leer los pronunciamientos del diplomático norteamericano Jack Matlock, exembajador en la URSS, quien califica a esas acciones de la prensa y algunos servicios de inteligencia como prácticas no propias de un sistema democrático , sino de un estado autoritario y policiaco. Más aún el exembajador favorece la necesidad de contactos fluidos entre funcionarios norteamericanos y rusos, porque sus respectivos países tienen la tarea primordial de garantizar la prevención de una guerra nuclear, que podría ser el fin de la civilización…Y dice también que tener contactos con altos funcionarios rusos,  era su actividad principal , cuando ejercía su embajada en Moscú.

Buscando encontrar un grano de racionalidad a todo este asunto, que se investiga incluso en el Congreso de Estados Unidos, solo queda por concluir que la alianza entre servicios de inteligencia y empresas mediáticas, sirve también para encubrir las torpezas de las agencias de inteligencia, aunque sea a costa de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, que son de importancia estratégica para la paz mundial.

Parece que habrá que esperar a que Wikileaks descubra “algo gordo” como la intervención del teléfono personal de Angela Merkel por el gobierno de Obama, comentado sardónicamente por Donald Trump durante la visita de la Canciller a Washington, para que el poder mediático transnacional se ocupe de las actividades ilegales y de las torpezas de los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

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