Del sensible porvenir

Por Alfredo Castillo Bujase

Una de las características de la evolución del capitalismo, sin la ilusión socialista o de países que se denominaban tales, evidencia que el capitalismo no se extingue para pasar al quehacer de un orden social gestado desde y hacia la utopía sino que da paso a cierta readaptación a su propio sistema de régimen y conducción del capital, y comprensiones de sus propietarios, que conforman estructuras de poder desde la diversidad social que, al mismo tiempo, en cada país a nivel mundial, conducen el proceso de las relaciones globales de Estados y naciones diversas.

El mañana de la humanidad no es previsible como saltos a una solución que recoja almas vivas y muertas para la felicidad del pasado mañana. La realidad es que la humanidad asiste a un transitar mas liviano, mas fácil, mas propio del descenso que no requiere esfuerzo ni siquiera muscular, porque basta un empujón para dejar de caminar y comenzar a correr y, de alguna manera, correr el riesgo de rodar o despeñarse hacia el mañana.

La pasividad social, estatal y de naciones del mundo no es una promesa de paz, sin embargo, tampoco es de guerra, es la admisión silenciosa y sin comprensión alguna de los límites que tiene la vida como suma de individuos, colectivos, naciones, estados, continentes. Y siendo así, tampoco hay un mañana que se resienta con este presente. Lo que existe son sinsabores por la limitada comprensión que rigen momentos en los cuales no es posible establecer finalidad ni resistencia, sino la vigente incomprensión que impone la conclusión de formas vitales a la humanidad el instante en el cual un quid pro quo deviene motivación del desinterés por comprender o por impulsar un mañana que sea requerido por fuerzas, anhelos o utopías a crearse.

Qué difíciles son estos momentos: volver la mirada a generaciones que soñaron en el socialismo que no fue o que oraron en catedrales e iglesias por alcanzar después de un “padre nuestro” el cielo, y arribar a lugares donde se está junto a dios. No obstante, ese es un instante del pasado hacia el futuro, ese mismo momento, parece devenir como un plural de silencios, hechos instantes y mas que no alcanzamos a resolver, silencios de la fortaleza verbal que ya no tenemos a disposición de reconocerlos precisamente en palabras que hasta ahora han contenido el límite del sueño.

La humanidad difícilmente volverá a pensar en el socialismo como paraíso histórico, tampoco ni que después de la vida se asciende al cielo o que existe un destino infernal por sus pecados y que el presente es lo único que queda del porvenir.

Simplemente, vivimos como si este momento fuese de aquellos que nos plantean no pensar para dar pasos a una visión capaz de dotarnos de mas realidades que los ojos contemplan, aunque no ingresen directamente a nuestras comprensiones. Instantes de silencios acumulan palabras que nos permiten saltar otra vez a la imaginación.

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