El mundo en el 2016 y sus perspectivas

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CLAPSI.

El libro de César Verduga “Travesía entre dos mundos”, caracteriza la época que vivimos, como la del “”. Se trata de una prolongada etapa de incertidumbre, pesimismo y riesgos económicos, sociales, ecológicos y bélicos.

Construcciones civilizatorias como la prevalencia de los derechos humanos, la democracia social, la igualdad entre los estados, la cultura de paz, la cooperación internacional en el marco de una ONU vigorosa, el laicismo con respeto a todas las creencias religiosas, el crecimiento económico con equidad social, se encuentran en una peligrosa pendiente, en el mundo entero, con regiones de mayor o menor agudeza de ese declive civilizatorio.

Lo real es no hay un solo país que viva una primavera de optimismo, independientemente de que existan estados con resultados macroeconómicos mejores que los demás. La crisis es civilizatoria y las respuestas solo pueden ser civilizatorias y globales.

El mundo en el 2016 que comienza, está marcado por la inestabilidad. El sudeste de Ucrania en conflicto, las confrontaciones territoriales entre Japon y China, la  guerra en Siria, la crisis de refugiados en Europa unido al debilitamiento del estado de bienestar y de la cohesión europea, el aumento de los conflictos religiosos en todo el mundo, la expansión del crimen organizado y sus funestas consecuencias , el negocio de la venta libre de armas y los repetidos hechos de violencia en Estados Unidos la existencia del siniestro Estado Islámico, son los puntos sobresalientes en un mapa de declive e incertidumbre.

Amparados por la expansión del terrorismo islamista, las antiguas democracias occidentales son chantajeadas exitosamente por las fuerzas de extrema derecha y los estados crecientemente cercenan libertades, derecho a la privacidad y respeto a las garantías individuales, a cambio de darle supuestamente mayor seguridad personal a sus ciudadanos.

En Sudamérica hay un debilitamiento estratégico de las opciones postneoliberales, con expresiones concretas en Argentina y Venezuela y posibles cambios de dirección semejante en Brasil, Ecuador y Bolivia. Pero en todos estos casos, el escenario más probable es el de una lucha entre reformistas de centro izquierda y conservadores de centroderecha, con desenlaces no previsibles.

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ha subido las tasas de interés por primera vez desde 2008. En los últimos siete años, estaban entre el 0 % y el 0,25 %. Por lo tanto, este organismo se ha convertido en la primera [y principal] gran entidad bancaria central que elevó las tasas de interés. Eso perjudica aún más a las economías emergentes, ya golpeadas por el relativo debilitamiento de la expansión de la economía china, que ha sido la locomotora de la economía mundial, en especial de los países latinoamericanos y emergentes. La FED trata de mostrar que administra la moneda de una economía en crecimiento. Sin embargo, la economía de EE.UU. no está tan bien como pudiera parecer. Hay economistas que incluso predicen para el futuro cercano una recesión en Estados Unidos, producto de la depreciación excesiva de los combustibles, que ya amenaza al famoso fracking y de las consecuencias nunca resueltas de la crisis del 2008, que dejó gigantescas burbujas financieras obscureciendo el cielo de la economía productiva.

En 2015 hubo una cantidad importante de impagos corporativos que pueden aumentar en el 2016, dibujando una situación que se asemeja a la de la crisis del 2008, una de cuyas herencias no resueltas, es la existencia de casi 4 trillones de dólares sin respaldo en la economía real, que son activos monetarios tóxicos. Por ello hay economías importantes que cada día más se refugian en el oro y la plata como activo de reserva. Es el caso de China y Rusia.

El pesimismo silencioso de la opinión pública norteamericana, se refleja en el apoyo a un extremista de derecha como Trump, cuyo lema de campaña es precisamente afirmar que Estados Unidos vive una acentuada pendiente descendente. Asunto que repiten todos los republicanos.

Como afirma Gideon Rochman en el Financial Times:  el sistema político actual internacional “se siente como un paciente que todavía está luchando para recuperarse de una enfermedad grave que comenzó con la crisis financiera de 2008. Si no hay golpes adicionales, la recuperación procederá gradualmente y los peores síntomas políticos podrían desaparecer. Sin embargo, el paciente es vulnerable”, concluye el periodista y añade, que “otro golpe severo como un ataque terrorista o una recesión económica grave, podría significar un verdadero problema”

¿HAY OTRA SENDA POSIBLE MENOS PESIMISTA?

Detrás de los procesos descritos hay una contradicción no resuelta entre el bloque históricamente dominante de potencias occidentales que hegemonizan el actual orden mundial y un nuevo polo de poder integrados por nuevas potencias emergentes, lideradas por Rusia y China, que junto a India, Brasil, Sudafrica, Irán y algunos estados sudamericanos, luchan por un nuevo orden internacional, basado en la multipolaridad y el multilateralismo.

Si en la escena internacional los partidarios de un orden multipolar ganan espacios geopolíticos y geoestratégicos, el mundo podrá avanzar hacia la puesta en marcha de una agenda, necesaria para el progreso de la humanidad y el freno al declive civilizatorio.

Será posible en esa nueva correlación de fuerzas reconstruir la ONU, incluyendo en ella a todas las culturas y nuevas potencias, devolverle poder político real y fuerza moral para liderar una agenda que fortalezca la paz , la cooperación internacional y los principios civilizatorios que le dieron origen.

Derrotar al terrorismo extremista, enemigo de toda forma de civilización.

Cumplir, con la cooperación de agencias internacionales, estados nacionales y organizaciones de la sociedad civil, con los compromisos de Paris para frenar el cambio climático.

Reconocer la nueva realidad multipolar del Medio Oriente y evitar que Arabia Saudita encienda la chispa de una nueva guerra que involucre a Irán

Resolver diplomáticamente los conflictos territoriales en el Extremo Oriente.

Impulsar una Ucrania democrática y Federal, donde todas las etnias que la integran sean respetadas en sus legítimos derechos.

Pacificar la península coreana, potencial foco de peligroso conflicto bélico.

Reimpulsar el abandonado proceso de no proliferación nuclear.

Devolverle al mundo metas universalmente compartidas y consagradas en la carta de la ONU, como metas necesarias y realizables.

De no producirse esos cambios y continuar por la actual senda, los riesgos de una humanidad que desaparezca por hecatombe ecológica o nuclear serán crecientes. Nuestros hijos y nietos no nos lo perdonarán, porque les negamos a conocer la aventura que nosotros si nos dimos el lujo de vivir en este planeta.

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