En Centroamérica hay un proceso de recalentamiento social y político, impulsado por las clases medias y la juventud

LOS INDIGNADOS

Víctor Meza

www.centinelaeconomico.com

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“El fuego, para calentar, debe venir desde abajo”, cantaba Martín Fierro, en la soledad de la pampa argentina. No sabía, aquel gaucho errante, fruto de la imaginación encantadora de su creador, José Hernández, con cuanta exactitud su afirmación musical reflejaría, mucho tiempo después, la realidad de países tan distantes, lejanos y exóticos, como Túnez, Marruecos, Egipto, Libia , Siria, Honduras…

Y, así es. Lo que está pasando hoy en nuestro país, a pesar de las grandes diferencias históricas y geográficas, se parece demasiado a ese despertar súbito de la gente, de los jóvenes particularmente, que reaccionan expresando, a través de su segmento social, el sentimiento colectivo del cansancio, del hastío social, del hartazgo público, ante el evidente proceso de desintegración ética en el que se deforma y desdibuja la imagen, otrora soñada y respetada, de la nación hondureña.

Qué estimulante resulta el espectáculo de ver a miles de jóvenes, hombres y mujeres, a señores y señoras de lo que llaman la “clase media”, a niños, ancianos, minusválidos, personas agobiadas por la vida cotidiana, en fin, desfilando en las calles, portando sus pancartas, con la autenticidad que les concede la ortografía improvisada, con la fuerza de la voluntariedad, la energía vital, el espontaneísmo. ¡Qué alegría!

Pero, cuántos saben, en realidad, ¿en donde se origina la corriente teórica, el flujo vital de conocimiento y sabiduría que da sustento, aliento esencial, a estas corrientes, espontáneas y alocadas, de energía juvenil y social? Muy pocos, seguramente, pero no por eso menos válidos y necesarios.

Un francés, Stépanhe  Hessel, (nació en Berlín en 1907 y adoptó la nacionalidad francesa), veterano de la resistencia antinazi, sobreviviente del campo de concentración de Buchenwald y, por si fuera poco, uno de los redactores, en representación de Francia, del texto de la Declaración Universal de los derechos humanos, fue el autor de un folleto titulado “Indignez-vous” (¡Indígnense! en español), en el cual invita, casi excita, a los jóvenes del mundo a recuperar el espíritu valiente de los héroes de la resistencia en los países ocupados por los nazis en la segunda guerra mundial. Hessel dice, claramente, que “puede h

aber hoy una acción igual de eficaz que en los años 60 o en tiempos de la resistencia”. Llama a los jóvenes a indignarse, a rebelarse contra el estado actual de cosas, a no ser indiferentes, a rechazar la corrupción, la impunidad y la ignominia que nos rodea. Hessel es, a su manera, un viejo pensador, un antiguo sabio que nos convoca a la rebeldía de la razón y al enojo de la ignominia. Hessel es el origen y punto de partida de esta ola de indignación universal que, afortunadamente, también está llegando hasta nosotros. Su pequeño folleto vendió, en los primeros cuatro meses, medio millón de ejemplares, sin haber sido traducido todavía a otras lenguas. Leamos a Hessel, por favor.

Peo no solo a Hessel. También hay que conocer a Sharp, a Gene Sharp, tan denostado como respetado. Ese viejo encantador, organizador y alma de la Fundación Albert Einstein, con sede en Estados Unidos, autor de tantos y aleccionadores libros, pero, sobre todo, de uno de ellos, “De la dictadura a la democracia”, que es una fuente de conocimientos, experiencia y lecciones sobre temas tales como la resistencia no violenta, los conflictos, su adecuado manejo, la reconversión de las confrontaciones en crisis manejables, etc.

Sin los textos de estos profesores, no habrían sido posibles las “revoluciones” espontáneas de los países árabes, sobre todo las del norte del Magreb, la célebre “primavera árabe”. Las irrupciones juveniles habrían acabado en algaradas momentáneas. En episodios heróicos,  pero  en nada más.

Para concluir: los desfiles multitudinarios de los ciudadanos, hombres y mujeres, en las llamadas “marchas de las antorchas”, son, en última instancia, el reflejo de un despertar, un resurgimiento de las energías ciudadanas, aplacadas y casi dormidas después del fraude electoral de noviembre de 2013. Son, en esencia, el símbolo de la luz, de la claridad, de la transparencia, ante el exceso de opacidad, nebulosa y oscuridad que propone y auspicia el régimen actual. Son, no nos equivoquemos, la salida que esperamos.

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