Golpismo proinsurgente

El golpismo izquierdista pretende encender chispa insurgente

 

Enrique Villarreal Ramos 21/11/2014 02:58

Enrique Villareal

En pleno proceso golpista, el 27 abril de 1973, desde los balcones de La Moneda, Salvador Allende pronunció un discurso en el que alertaba que “desde hace algunos días, a lo largo del país, y sobre la base intencionadamente equivocada de que el gobierno pretendería imponer, la Reforma Educacional… se movilizó a estudiantes, que fueron impulsados por una propaganda de prensa y radio insistente; se volcaron en manifestaciones que culminaron en el día de ayer con actos de desorden, de violencia, tan ajenos a la juventud y tan propios de elementos fascistas… Aquí en Santiago se cometieron desmanes… advertimos que los voceros de la reacción planteaban que la lucha no era por cambiar la composición del Congreso, sino por cambiar el gobierno… Cómo les gustaría un enfrentamiento entre los carabineros y el pueblo… que se limitara la autoridad del gobierno y que se provocara un baño de sangre y de caos”.

Es un joya discursiva, porque revela en parte la metodología golpista: 1) se monta una gran provocación a partir de un hecho prefabricado por los propios golpistas; 2) se culpa al gobierno y al presidente de un “crimen de Estado” (y de todos los males), y se escudan en las víctimas generadas para desatar más violencia (manipulando estudiantes y utilizando a los ultras), apostándole al desgaste institucional y esperando que la reacción gubernamental “atice más el fuego”, y estalle la insurgencia o se produzca el golpe de Estado; 3) en este escenario, los propagandistas cumplen un rol fundamental en la fabricación del clima golpista, básicamente por el golpeteo desinformativo, al estilo Goebbels, de que una “mentira repetida al infinito se convierte en verdad”.

Claro, la metodología golpista implica otros aspectos, y sólo es efectiva si es realizada por poderosas fuerzas políticas y económicas, que cuentan con el apoyo del ejército, e incluso con el respaldo de Estados Unidos para derrocar a un gobierno legal y legítimamente constituido como sucedió en Chile hace más de 40 años.

A diferencia de Chile, los aprendices de golpistas mexicanos constituyen una minoría, eso sí, muy activa y radical. Como no tienen el respaldo de los factores de poder real intentan crear un clima golpista basado en el desgaste gubernamental, el descarrilamiento económico, el agravio a la sociedad y en atemorizar a la población a través de la provocación violenta (bloqueos, paros, incendios, etc.). Como no tienen banderas políticas que ofrecer (sólo un marxismo vulgar enseñado en Ayotzinapa y otros centros de adoctrinamiento), y ante el repudio a sus métodos, se escudan en justas demandas o en agravios genéricos para manipular los movimientos sociales hacia sus objetivos proinsurrecionales, empezando en Guerrero y Oaxaca, aunque buscando escalar su golpismo a otras entidades, como el DF, donde tienen “cabezas de playa” anarquistas y aliados político-sociales.

Para sus planes proinsurgentes poseen: una red político-criminal (por ejemplo los nexos entre la CETEG y las narcoguerrillas), que los financia y adiestra; partidos (Morena) y organizaciones civiles, que les dan cobertura y medios institucionales; propagandistas influyentes, que legitimen su golpismo y usan los medios y las redes sociales para torpedear al gobierno, y respaldados, a su vez, por empresarios afectados por decisiones del Ifetel, o por las reformas estructurales…

El golpismo ha sido efectivo para generar polarización política e incertidumbre, agraviar a la sociedad, afectar a la economía de Guerrero y Oaxaca (principalmente) y a la imagen del país en el exterior. Sin embargo, conforme “estiren la liga”, crecerá su descrédito y el clamor general para frenar a los enemigos del régimen democrático.

Entretelones

La gran provocación de ayer revela que los izquierdistas han aprendido bien la metodología fascista

Tomado de: http://www.excelsior.com.mx/opinion/enrique-villarreal-ramos/2014/11/21/993573

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