La crisis de Pemex

Foto: /www.pemex.com

La crisis de Pemex

Pemex se encuentra en crisis severa y la solución no podrá ser inercial. Habrá que hacer muchos cambios de fondo en la empresa que necesariamente afectarán intereses poderosos.

Publicado en El Economista

Bruno Donatello

Febrero 10, 2016
Se equivoca o miente el nuevo director de Pemex, José Antonio González Anaya, al indicar que la paraestatal no se encuentra en crisis. El paralelismo con cualquier empresa privada en graves problemas es exacto: pasivos superiores a los activos, elevadísimo endeudamiento, ventas netas en picada y números rojos que en el 2015 cerraron en 353,000 millones de pesos. La diferencia reside en que una empresa estatal de esa magnitud no puede entrar en quiebra.A mi juicio, la crisis de Pemex es el resultado de la confluencia de sus problemas estructurales y coyunturales. Entre estos últimos, el desplome del precio del petróleo hizo las veces de puntilla o rejón de muerte. Quizá desde su fundación, Pemex padecía los problemas propios de todo monopolio, sea privado o público: baja calidad de sus productos y tendencia a una producción menor que si el ramo operase en condiciones de competencia. Pero Pemex nunca ha sido un monopolio común y corriente, se ha tratado de un monopolio secuestrado por un contubernio saqueador fraguado por los líderes sindicales en complicidad con los altos funcionarios. Una expresión de esa complicidad es el robo impune de combustibles que sufre la empresa.Pero no todos los problemas derivaban de ese marco. El régimen fiscal que se le aplica ha privado a la entidad de recursos suficientes para invertir en exploración y desarrollo. De todo ello, que el margen de acción de su administración sea cada vez más estrecho. Es una incógnita si González Anaya tendrá la capacidad suficiente para ampliar ese margen a manera de que logre enderezar el barco. ¡Ojalá la tenga!

Lo que sí deberá estar claro es que la solución no podrá ser inercial; es decir, no podrá depender de que la administración se siente a esperar con paciencia a que los precios del petróleo repunten. Habrá que hacer cambios de fondo en la empresa que necesariamente tocarán intereses poderosos. Y esos cambios no únicamente podrán consistir en la reducción de plazas, delicada propuesta en la que ya se había embarcado la administración del director saliente Lozoya Austin. Parte importante del esfuerzo tendrá que ver con la reestructuración financiera de la entidad. Y, en fin, el trabajo de saneamiento deberá operarse en todos los frentes imaginables para alcanzar algo que en muchos oídos suena a verdadera herejía: elevar de manera importante y visible la productividad en la paraestatal

 

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