Los objetivos militares estratégicos del pentágono están en Rusia, China e Irán, pero la guerra de ruidos de impacto mediático la hace en el Medio Oriente y la Península Coreana

Foto: http://www.infobae.com

Por CLAPSI

Trump ha pactado con el Pentágono y parte de la comunidad de inteligencia estratégica, su supervivencia en el poder, más allá de la guerra política y mediática que busca su impeachment.

 Y el precio hasta ahora , en un país donde las instituciones se han vuelto tan cambiantes en sus políticas como ocurre en las repúblicas llamadas “bananeras”, es aceptar que Rusia,  China e Irán son los enemigos militares estratégicos a los que hay que debilitar y si , si es necesario, enfrentarlos en el terreno militar.

La estratagema juega en favor del gasto militar y los beneficios de las grandes corporaciones productoras de armas estratégicas nucleares, pesadas no nucleares , medianas y ligeras, que son aliadas del Pentágono desde la segunda guerra mundial.

Es ya un apotegma del análisis político en USA que el sistema solo funciona si existe un enemigo externo, que adversa y amenaza a la nación americana y los valores que dice defender.

Ese espacio lo han ocupado la URSS durante la guerra fría, y en la post-guerra fría el crimen organizado que lava en los bancos occidentales sus gigantescas utilidades obtenidas gracias al consumo de los adictos estadounidenses, el terrorismo musulmán después del 11S y todos los gobiernos que en Latinoamérica y otros continentes impulsan proyectos favorables a un mundo multipolar, a los que con enorme ignorancia sociológica, propia de los monopolios mediáticos llaman populistas, sin haber leído ni analizado nunca la construcción analítica que la sociología latinoamericana elaboró para conceptualizar el populismo.

Pero hay otro principio importante del análisis político en USA.

Un Presidente solo es digno de tal investidura si lidera alguna forma de guerra, o, al menos, muestra músculo y colmillos para amenazar a mundo, a través del sufrimiento de algún pueblo y un estado débiles. Y operar eso es el gran desafío de Trump.

 Con Rusia, China e Irán la confrontación terminaría siendo nuclear y, por ende, de destrucción mutua garantizada.

Pero hay escenarios más cómodos, por menos riesgosos.

Bombardear una base siria, acusando al Presidente de ese país del uso de armas químicas, matando selectivamente militares sirios, sin tocar objetivos militares rusos y hacerlo, durante un almuerzo con el Presidente de China en Florida es una exhibición de músculo y colmillos que al líder chino, portador de una sabiduría milenaria le habrá hecho pensar sobre Trump “ este es un tigre de papel”.

Lanzar la madre de todas las bombas no nucleares sobre el sufrido y ocupado, desde hace lustros por USA, pueblo afgano es otra muestra de músculo y colmillos a Rusia China e Irán, porque en Afganistán ya USA ha destruido los fundamentos del estado nacional y lo ha convertido en un territorio como hizo con Libia. Tan absurda fue la acción, que mereció el repudio público del títere anterior que Washington alquiló como gobernante de Afganistán.

Con Corea del Norte la ecuación es diferenciada y compleja. Porque Corea del Norte tiene armas nucleares, ya se enfrentó en el campo de batalla con las fuerzas militares norteamericanas hace décadas y no perdió. Pero , además, porque Corea del Sur es un aliado de USA desde la guerra fría, en donde viven decenas de miles de norteamericanos y una confrontación militar de grandes proporciones podría implicar el fin de ambas Coreas

Esa ecuación no tiene solución militar. El Pentágono y su nuevo socio Donald Trump lo saben.

Esos son los dilemas geomilitares con los que debe lidiar el imprescindible Trump, mientras diariamente lucha por no correr la suerte de Nixon y reza, en silencio, por evitar ser un Kennedy de derecha, asesinado por la misma élite…

 

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