Noche de perros

Foto: Página 12

Por María Seoane

No puede dormir. Se pregunta una y otra vez qué dirá el perro Balcarce. ¿Cuidará el sueño del amo?  ¿Se caga de risa vestidito de amarillo patito mientras a nosotros nos cagan de hambre, Corcho? Hay que ser garca para decirnos en la cara y por la cadena nacional que nos merecemos ser gobernados por un perro. Porque él, sabés, está dispuesto a todo. A cambiar todo: ya le dio toneladas de huesos bien carnosos a su jauría, y además, se los llevaron a Trucholandia él y su prole canina. No puede dormir. En la cocina, abre la heladera: no hay más que restos del guiso de ayer. Será cuestión de repartirlo entre tres: su mujer y la nena. Piensa a la velocidad del insomnio. Mi nena, Corcho, tuvo la puta suerte de nacer en un barrio pobre y tener un padre ahora echado como un perro, que no es Balcarce, a ese perro, te juro, le cortaría los huevos, Corcho, ya sé, ya sé, me decís, pará con la violencia Juan, pará, pero sabés que pasa, Corcho, que hay perros que tienen coronita, que los sientan en una silla con ribetes de oro y nos toman por boludos porque a nosotros, Corcho,  nos tiran la perrera atrás, y sabes qué, sabés qué Corcho, esta vez no me voy a ir yo a la fucking mierda. Los que se van a ir a la fucking mierda son ustedes gordo de Miami que vociferas odio; ustedes, porque como dijo Walsh al agente la CIA que mató al Che, esta tierra es nuestra, cada surco, cada ladrillo, cada gota de sudor de cada puto día siembra esta tierra que es nuestra y listo carajo. ¿Te acordás Corcho  cuando vino ese empleaducho que dijo que era un especialista que estudió en una fucking universidad privada y es gerente de la empresa extranjera de un nombre parecido a una fucking ballena, y que está a cargo de llevarse todos los fierros de la productora de películas infantiles que son nuestras, del Estado, nuestras?. El tipo cargó las máquinas y dijo: vos, vos, y vos, ya no trabajan más, pasen por Personal. Nada personal, dijo, con una amabilidad helada. Pero Personal es algo personal, sabés, porque cuando te rajan te hacen mierda la vida, la tuya y la de mi mujer y la nena; la de mis amigos y mis hermanos.  Nada personal, dijo, porque vos fuiste un buen empleado, dijo, pero esto ya no lo haremos más- las películas para los chicos- y las cámaras, y las lentes, y los trípodes y el archivo… y la puta madre, se los llevaron. No, che, gritaste Corcho, no pueden llevárselos, estos son bienes del Estado. Somos la nueva autoridad, nada personal, dijo el fucking kia pero los llevamos porque así ustedes no van a tener el riesgo de que los acusen de robarlos. Lo hacemos, dijo el turro, para protegerlos. Pero no, dijiste, te afanás las cosas, nos echás a la mierda y encima decís que nos protegés…Lo puteaste fuerte Corcho, y te escucharon hasta la Quiaca. Y yo te agarre, porque si no lo sentabas de culo…Pará Corcho, pará.

No puede dormir. Pasaron tres meses y nada. Nada por aquí, nada por allá. Nada. Fuma solo en la cocina como si cada bocanada lo sedara. Y encima, Corcho, vi al paralítico decir que lo que me pasa no me pasa. Al dueño del perro decir que soy un inútil, uno que infla la planta del Estado, pero él, él sí que la tiene clara porque se la llevó siempre off shore o como carajo se diga…Corcho quiero volver a dormir. Te juro que quiero volver a dormir. Mañana me veo con los muchachos y otra vez a transpirar la camiseta. Y esa es única ley para ser felices, Corcho. Porque los que se van a ir a la fucking mierda son ellos Corcho. Porque esta patria es nuestra Corcho. Nuestra.

 

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