Paz para Colombia. Entrevista exclusiva al Expresidente Ernesto Samper sobre las negociaciones de paz entre el gobierno del Presidente Santos y las FARC, que se celebran en La Habana, con auspicio de los gobiernos de Cuba y Noruega

Ernesto Samper

Prisma Siglo XXI: Colombia siempre me ha parecido una paradoja. Una democracia institucional que perdura, una clase política ilustrada, una intelectualidad cultivada, una economía dinámica y algunos de los escritores y artistas más importantes de la historia latinoamericana. Pero también la más antigua guerrilla de América Latina y uno de los cuadros de violencia más tenebrosos del siglo XX. ¿Cómo explicar esa paradoja colombiana Señor  Presidente?

Ernesto Samper: Tienes razón, Cesar. No es fácil entender a Colombia: es un país complejo, rico, diverso, trabajador pero intemperante. Y no es posible que sigamos matándonos precisamente por ser distintos entre nosotros cuando esta diversidad podría ser un magnifico cimiento para construir una sociedad conviviente. La guerrilla forma parte de este panorama claroscuro. Sus orígenes se remontan a la época de los enfrentamientos partidistas y su historia está asociada con la falta de presencia del Estado en vastas zonas de la geografía nacional. Con el tiempo, la subversión se fue nutriendo de la revolución cubana,  de la guerra fría y, más recientemente, de los dineros del narcotráfico. Sin ésos últimos tal vez habríamos podido conseguir la paz en la misma época y en los mismos términos en que la consiguieron los movimientos guerrilleros centroamericanos. El país, para bien o para mal y esto contesta tu pregunta, se acostumbró a vivir con la violencia lo cual explica porque, a pesar de ella, Colombia sigue produciendo, sigue trabajando y saliendo adelante.

Prisma siglo XXI: La confrontación entre el estado y la guerrilla ha vivido varios intentos  de procesos de negociación para buscar la paz. ¿Por qué fracasaron los anteriores y por qué el actual parece ir por buen camino?

Ernesto Samper: Para saber porque fracasaron los procesos anteriores es importante conocer porqué este proceso, el iniciado por el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, es distinto a los anteriores. Es distinto, en primer lugar, porque el balance de fuerzas enfrentadas es distinto al que existía hace diez o veinte años. Gracias a los esfuerzos realizados por el Presidente Álvaro Uribe las FARC se encuentran hoy en una situación que podríamos llamar “defensiva”. No están acabadas como algunos piensan pero tampoco a la ofensiva como las dejó el gobierno del Presidente Andrés Pastrana. Si a esto le suma  la desmovilización de los grandes grupos paramilitares y los relativos éxitos en la lucha contra las drogas cuyos dineros, como ya se dijo, financian la actividad subversiva, se puede concluir que a la guerrilla le interesa hoy mas que hace diez años un acuerdo de paz. Súmele el interés manifiesto por países como Cuba y Venezuela por facilitar los diálogos de la Habana y el diseño mismo del proceso que, a diferencia de los anteriores, tiene una agenda concreta, un sitio discreto en Cuba y, algo que es muy importante, sin que medie una cesación del fuego mientras se negocia lo cual acelera el interés de las partes porque los diálogos terminen pronto. Hay, digamos, una cierta alineación de los astros en  favor de una salida política del conflicto armado y una voluntad del gobierno en que el proceso gire alrededor de las víctimas y no de los victimarios como sucedía antes.

Prisma Siglo XXI: ¿Cuál es su balance del actual proceso de paz y sus perspectivas?

Ernesto Samper: Por supuesto, no todo es un camino de rosas. La participación de la sociedad civil es aún débil lo cual puede llevar a hacer difícil asegurar la permanencia de los acuerdos hacia adelante. El gobierno no ha querido suscribir acuerdos de respeto al derecho internacional humanitario para iniciar el desminado de los campos, sacar a los niños de la guerra o proteger los inmuebles destinados a fines sociales de bombardeos no selectivos y tampoco se han iniciado las conversaciones con el ELN que son una parte fundamental de un acuerdo integral y definitivo.

 Prisma Siglo XXI: ¿Hay fuerzas nacionales e internacionales que pueden ser identificadas como comprometidas a favor y en contra de las actuales negociaciones con las FARC  y por qué?

Ernesto Samper: Ese si que es un buen punto. El proceso de paz del Presidente Santos comenzó a en firme cuando en los preámbulos de una nueva ley de víctimas y restitución de tierras se estableció de manera clara que lo que existe hoy en Colombia es un conflicto armado y no, como sucedió durante los años del gobierno del Presidente Uribe, una amenaza terrorista a la manera de Bush. La caracterización de la violencia como un conflicto entre colombianos legitima la aplicación del Derecho Internacional Humanitario por las dos partes enfrentadas, avala la búsqueda de salidas políticas. Se diferencia de la política anterior que seguía la regla de que con los terroristas no se negocia) y abona la participación generosa de la sociedad civil en los acuerdos. Lo que si existe nuevo en el panorama es la conformación de unas poderosas fuerzas de derecha, encabezadas por el Presidente Álvaro Uribe, que están concentradas sistemáticamente en la deslegimitación del proceso, en su saboteo mediático y en las posibilidades de su fracaso. Se trata de una alianza variopinta entre políticos ultraconservadores, algunos militares retirados, académicos, ganaderos que se opone orgánicamente a la paz y privilegia el escalamiento militar para llegar a una forma de pax romana por aniquilación del contrario. Por fortuna, en las próximas elecciones presidenciales el pueblo colombiano tendrá la posibilidad de escoger entre el camino de la paz o el de la guerra y lo que dicen las encuestas es que estaría mayoritariamente por la primera salida. Amanecerá y veremos.

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