Preparativos de guerra biológica, se superponen a los acuerdos internacionales sobre su prohibición

Guerra biológica

La Página de Dieterich, Agosto de 2001

 

Heinz Dieterich Steffan

Después de siete años de arduas negociaciones, en julio del año 2001 el convenio internacional contra el uso de armas biológicas estaba listo para su firma. Pero, llegado el momento de su ratificación el Gobierno de George Bush II lo abortó con el argumento de que «pondría en riesgo a la seguridad nacional y la información comercial confidencial». Fue el cuarto convenio internacional bloqueado por Bush II en seis meses, refiriéndose los otros tres a la limitación del contrabando de armas ligeras, a la protección ecológica a través del Protocolo de Kyoto y al establecimiento de la primera corte internacional penal permanente.

El empleo de medios de guerra biológica, tales como bacterias, virus, hongos o rickettsia, contra una población humana, animal o vegetativa, es extremadamente difícil de comprobar. La República Popular de China, por ejemplo, levantó tal cargo contra Estados Unidos durante la Guerra de Corea, pero no pudo sustanciarlo. Existen, sin embargo, tres casos que han sido comprobados más allá de cualquier duda y en los tres casos el uso de los agentes patógenos fue una actividad del Estado de la Unión Norteamericana.

El primer caso fue documentado por una comisión de investigación del Congreso estadounidense, que evidenció un plan de asesinato del presidente cubano Fidel Castro por parte de la Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. En este plan, la CIA contaminó: a) el sistema de respiración de un traje de buceo con la bacteria que causa tuberculosis (tuberculosis bacilli), y b) el traje mismo con un hongo (madura foot) que produce una enfermedad incurable de la piel.

El segundo intento de asesinato con agentes patógenos de la guerra biológica se dirigía contra el líder del movimiento anticolonial del Congo, Patrice Lumumba. Consta en los documentos del Congreso que fue nuevamente la CIA la que probablemente preparó el agente letal y que lo hizo llegar al Congo. Ese agente, probablemente el botulinum, fue seleccionado por el oficial de la CIA Sidney Gottlieb en el Centro de Guerra Bacteriológica del ejército estadounidense, en Fort Detrick, Maryland, de «entre una lista del Cuerpo Químico del Ejército que contenía materiales que causarían tularemia (fiebre de conejo), brucellosis (fiebre), tuberculosis, ánthrax, viruela y la Venezuelan equine encephalitis».

Un tercer uso de agentes patógenos fue realizado por Washington en Colombia en meses recientes, cuando se dispersaron hongos desde aviones, contra plantaciones de la coca. Anteriormente, el presidente Fidel Castro había expresado en la 68 Conferencia de la Unión Inter-Parlamentaria en La Habana, en septiembre de 1981, que Washington estaba empleando «armas biológicas contra nuestra patria». El presidente cubano analizó, dentro de la situación epidemiológica centroamericana y caribeña, el hecho de que Cuba había sufrido en menos de tres años cinco peligrosas epidemias que afectaron a la población, las plantas de cultivo y los animales: un hongo que destruyó las plantaciones de tabaco, la fiebre porcina africana, un hongo contra la caña, el «dengue hemorrágico» y la conjuntivitis hemorrágica.

Los medios de la guerra biológica son escogidos entre microorganismos que producen alrededor de 160 enfermedades infecciosas. Sin embargo, como esos agentes existen en diferentes variaciones naturales (la peste, por ejemplo, en más de 140) y que, además pueden ser modificados en los laboratorios, el número de microorganismos empleables contra un blanco es extremadamente alto.

Conforme a la lógica de guerra, expresada en los respectivos textos militares, «buenos microorganismos militares» tienen que cumplir con seis requisitos: a) la virulencia, es decir, el daño causado por el agente patógeno tiene que ser severo; b) la infectividad, i.e., la dosis requerida para iniciar una infección prolongada debe ser pequeña; c) la estabilidad, i.e., la capacidad del microorganismo de resistir el viaje hacia el blanco (huésped); d) el grado de inmunidad natural que tiene la población escogida; e) la disponibilidad de vacunas; debe haber vacunas, porque no se puede excluir la posibilidad de que el agente regrese al agresor; f) la facilidad de curación.

La diseminación de los microorganismos se realiza esencialmente por dos vías: mediante un intermediario animal, generalmente roedores o insectos, como el mosquito Aedes Aegypti que transmite el dengue, o un líquido bajo presión, como un aerosol. El mosquito Aedes Aegypti fue utilizado por el ejército estadounidense en 1958 en pruebas de campo en La Florida, y la CIA realizó experimentos con el Bacillus subtilia Van Niger en el metro de Nueva York en junio de 1966, diseminando la bacteria mediante aparatos disfrazados de cámaras fotográficas.

Las armas biológicas son, junto con las termonucleares, probablemente las más devastadoras que la mente humana ha inventado. La destrucción de sus arsenales en los ejércitos de Estados Unidos y Rusia y la prohibición estricta del desarrollo de este tipo de materiales, son, por lo tanto, una necesidad imperiosa para la comunidad internacional como muestran los acontecimientos en Estados Unidos. Sin embargo, las élites del grupo G-7 que determinan la política de la sociedad global han mostrado una enorme frivolidad en el tratamiento de los problemas existenciales de la humanidad, tal como demuestran los convenios internacionales rechazados por Bush II y el bloqueo de la clase política estadounidense de los tratados de no-proliferación nuclear (1999), de las minas terrestres (1997) y de la biodiversidad (1992).

Será sólo con la democratización del poder de esas élites que la humanidad logre romper los ciclos de violencia y abusos que hoy la afligen.

* Escritor, profesor-investigador de la UAM.

Tomado de: http://www.rebelion.org/hemeroteca/dieterich/guerra290502.htm

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