Qué se puede hacer con el Perú

Ideas para sostener el crecimiento económico en el largo plazo

lunes, 2 de diciembre de 2013

Respuesta a Félix Jiménez (I)

Por José Gallardo y Piero Ghezzi.

En el primero de tres artículos publicado en el diario La Primera (Lectura Balanceada de la Economía Peruana: Oximoron o Milonga), el economista Félix Jiménez comenta el diagnóstico de la economía peruana que proponemos en nuestro libro “Qué se Puede Hacer con el Perú: ideas para Sostener el Crecimiento de Largo Plazo”.

En el libro señalamos que la economía peruana ha avanzado notablemente desde su precaria situación a comienzos de la década del 90 hasta convertirse en un referente macroeconómico. Pero simultáneamente ha tenido un desempeño menos favorable en los factores que más afectan el bienestar de los ciudadanos: el empleo, la productividad y la distribución. Por ello, no solo debe realinearse el modelo para solucionar los problemas señalados, sino que sin ajustes no menores al modelo, lo más probable es que no se alcance el desarrollo.

Uno de los objetivos explícitos del libro es que los economistas empecemos a discutir más seriamente el modelo económico. En ese sentido, bienvenido el debate.

Según Jiménez, nuestro diagnóstico presenta dos “errores metodológicos notables”: (i) asumir que la política macroeconómica no ha cambiado desde las reformas de los 90’s, y (ii) el no vincular la evolución de la productividad, empleo y distribución con las políticas implementadas en la década del 90. En este artículo, quisiéramos rebatir estas críticas.

Política macroeconómica

Jiménez distingue de manera muy marcada la política macroeconómica del gobierno de Toledo de aquellas de los 90´s (e implícitamente de aquella post-Toledo). En particular, enfatiza algunas innovaciones realizadas en la administración Toledo como las metas explícitas de inflación, la acumulación de reservas e intervención cambiaria esterilizada y la creación de un mercado de deuda pública en moneda local. En su perspectiva, estos mecanismos contribuyeron a la caída de la inflación y a la reducción de la relación deuda a PBI. Asimismo, Jiménez realiza críticas a las políticas fiscales y monetarias de los 90s por ser excesivamente restrictivas.

En nuestra opinión, la discontinuidad de política macroeconómica durante el gobierno de Toledo, que sugiere Jiménez, es algo artificial. Lo que ha ocurrido ha sido un proceso de aprendizaje y consolidación de la institucionalidad macroeconómica a lo largo de las dos décadas desde las reformas. Las políticas de los 90’s fueron largamente superiores que las de los 80’s y continuaron mejorando sustantivamente en la última década.  Por ejemplo, el manejo  de la crisis del 2008-2009 fue muy superior al manejo de la crisis en 1998-2000.

Adscribir la reducción de la deuda pública y de la inflación a las reformas de Toledo ignora los efectos acumulativos del aprendizaje macroeconómico y, crucialmente, de los factores externos. En el caso de la deuda pública, el análisis de Jiménez también desafía las leyes de la aritmética. El factor que ha contribuido de manera más significativa a la reducción de la deuda pública (como porcentaje del PBI) es el aumento del denominador: el crecimiento económico acelerado a partir del 2005, dinámica claramente impulsada por la mejora en las condiciones externas. La creación de un mercado de deuda en soles ha tenido el efecto opuesto sobre la deuda pública al que sugiere Jiménez: la tasa de endeudamiento en soles es un poco mayor que en dólares y el sol se ha apreciado significativamente (20% con respecto al dólar entre el 2003 y la actualidad). Por ello, el ratio de endeudamiento es más alto que si la deuda se hubiera quedado denominada únicamente en dólares. Naturalmente políticas que buscan crear una curva soberana en soles y limitar la apreciación cambiaria son adecuadas y han tenido beneficios para la economía, pero reducir la deuda pública no ha sido uno de estos beneficios.

La reducción de la inflación en los últimos años tampoco es consecuencia exclusiva de las políticas de la primera mitad de la década pasada. Fue parte de un proceso continuo al que contribuyeron las políticas restrictivas de los 90s y el efecto del aumento de la participación china en el comercio mundial. Está muy bien documentado como los bajos salarios chinos en esa época redujeron la inflación global mediante su efecto en los precios de manufacturas.

Asimismo, acusar las políticas fiscales y monetarias de haber sido extremadamente restrictivas en los 90s es ignorar las tremendas dificultades en las que se tuvo que operar en ese momento. No había mayores alternativas a políticas macroeconómicas restrictivas. El Perú estaba en el proceso de reconstrucción de credibilidad y sin mayor acceso al financiamiento internacional. No era tan fácil hacer algo diferente durante esos años.

Modelo Económico

La segunda crítica de Jiménez es más sencilla de rebatir: distorsiona nuestro punto de vista. Somos explícitos en señalar que el rezago en los pilares del bienestar (productividad, empleo, distribución) es consecuencia casi inevitable del modelo. Al comenzar el capítulo 2 (p. 64) indicamos “… el desempeño desigual es el resultado casi inevitable de las reformas implementadas a comienzos de la década de 1990 y del modelo de desarrollo escogido en esa coyuntura”. En ese sentido, es simplemente inexacto el segundo error metodológico que según Jiménez cometemos, cuando nos atribuye asumir “que los problemas de los pilares del bienestar no tienen relación con las políticas implementadas en la década del 90”. Sí tienen relación y lo recalcamos repetidamente en el libro.

A diferencia de Jiménez, creemos que el Perú ha mejorado por la contribución conjunta de tres factores: las mejoras en las condiciones externas, la política macroeconómica y el modelo económico, y no solo por los dos primeros factores. En nuestra perspectiva, las reformas estructurales de la década del 90 han aportado de numerosas maneras: eliminando las enormes distorsiones a las que estaba sujeta la economía, creando un entorno de mayor seguridad jurídica para la inversión, así como promoviendo y logrando un mejor funcionamiento de los mercados, el acceso a insumos de mejor calidad y menor precio, la expansión de los servicios públicos e infraestructura, la reasignación de los factores y recursos hacia las empresas y sectores donde tuviesen un mayor valor, un mejor alineamiento de los incentivos, entre otros.   

Naturalmente hay enormes déficits: el subempleo y la calidad del empleo, la heterogeneidad de la productividad, las diferencias de ingreso, acceso y oportunidades, sugieren una realidad de menores logros y de diferencias demasiado importantes. Como hemos señalado en el libro, los indicadores en los que el país está relativamente más rezagado, son aquellos que en el largo plazo están asociados con el desarrollo económico.

Creemos que en una discusión es también importante enfatizar coincidencias. En concordancia con las preocupaciones de Jiménez es claro que el modelo debe discutirse seriamente y, como hemos señalado en diversos foros, este es un excelente momento para hacerlo por varias razones: (i) las prioridades de política vigentes responden en gran medida a la realidad que motivó las reformas estructurales en el país, muchos de cuyos problemas hoy ya no son relevantes, (ii) es evidente qué es lo que el modelo da y también lo que no va a dar, (iii) existe una brecha entre lo que se sabe y lo que se hace en materia de política económica, (iv) se hace cada día más evidente que la economía peruana no está en la senda del desarrollo, (v) los ingresos han crecido sin una transformación sustancial de la productividad, y (vi) es bastante necesario crear nuevas fuentes de crecimiento y potenciar las ya existentes. Sin embargo, nuestra aproximación es distinta a la de Félix Jiménez. Para nosotros existe la necesidad de discutir el modelo pero desde una aproximación incremental, re-direccionándolo desde lo avanzado.

En síntesis, Jiménez hace dos críticas a nuestra lectura de la economía peruana. Su primera crítica se basa en una distinción algo artificial en las políticas macroeconómicas aplicadas durante el gobierno de Toledo con respecto a las políticas anteriores y posteriores. Ignora así el proceso natural de aprendizaje en política macroeconómica y el entorno internacional. Su segunda critica está basada en algo que no decimos y, en ese sentido, innecesario rebatir. En los siguientes artículos discutiremos temas más sustantivos y en áreas donde existen diferencias, ahora sí notables, con Félix Jiménez. 

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