Trump daña irreversiblemente las relaciones de USA con México

Foto: Associated Press |

Por CLAPSI

Pocas veces una gran potencia con intereses globales, ha manejado tan frívolamente sus relaciones internacionales, como los Estados Unidos en esta época.

Los grupos financieros, militares, de inteligencia y mediáticos, que apoyaron la candidatura de Hillary Clinton, han convertido a Rusia en el principal instrumento para atacar a Trump, cuya Presidencia no sería producto de la decisión de la población estadounidense, sino de las manipulación del gobierno y los hacker rusos.

Trump, por su parte, para justificar sus prejuicios racistas, su hipócrita nacionalismo económico cuando el país que dirige es la matriz de las principales empresas transnacionales del mundo, su trasnochada política migratoria contra mexicanos y latinoamericanos, ha elegido a México como el causante de los grandes problemas del capitalismo norteamericano: el desempleo, la violencia, el consumo masificado de drogas internacionalmente prohibidas, la desigualdad creciente de su sociedad,

Los opositores a Trump y el propio Trump, han puesto en riesgo dos relaciones interestatales estratégicas. Una fundamental para preservar al mundo de una catástrofe nuclear. La otra necesaria para mostrar que se puede desarrollar una relación constructiva con un país, con el que se comparte una extensa frontera y una conflictiva historia.

En el caso de México-USA, las relaciones bilaterales han conocido todos los matices posibles. Desde guerras de conquista territorial con invasiones militares norteamericanas, que le costaron a México 2 y medio millones de kilómetros cuadrados en el siglo XIX, momentos de cooperación militar durante la segunda guerra mundial y formalización de acuerdos de libre comercio y cooperación económica plasmados en el T.L.C. hace más de dos décadas.

Hoy esas buenas relaciones entre vecinos que tanto esfuerzo costó construir, están dañadas y amenazadas por un colapso.

Desde la persecución a los migrantes mexicanos, incluyendo a los nacidos en USA, hijos de quienes han construido en ese país familia, trabajo y negocios, hasta las acusaciones de que son los mexicanos los causantes de las peores lacras de una sociedad con crisis de valores, han servido a Trump para consolidar un sector de la población norteamericana ideológicamente racista y supremacista, que aplaude a un Presidente retrógrado, quien, en el siglo xxi, convierte a  la erección de un muro fronterizo, en símbolo de su preocupación por la seguridad y el bienestar de los ciudadanos norteamericanos blancos.

Las buenas relaciones entre estados y pueblos se basan en la confianza mutua. Construir confianza es difícil y toma tiempo. Destruirla es fácil y puede ser rápido. El daño que Trump ha hecho a las relaciones con México es profundo y en términos psicosociales irreversible.

La Casa Blanca no ha desmentido que en una negociación política con los opositores demócratas sobre el financiamiento del muro, Trump pidió a su jefe de Gabinete Sr. Kelly que expusiera a los congresistas cuales eran las características de México. Y Kelly, creíble para los congresistas por su condición de General, dijo que México era un narcoestado fallido, tan peligrosos para Estados Unidos como Venezuela, aunque por razones distintas.

Día por medio Trump ningunea las conversaciones para modernizar el T.L.C. que están en desarrollo, con amenazas y epítetos denigrantes dirigidos a México. Incluso ha propuesto, en sus famosos TWITS de las madrugadas, que es mejor negociar a dos bandas: con Canadá y con México. Propuesta que no ha sido aceptada por los dos países aludidos.

El silencio del gobierno mexicano ante tantos maltratos, puede intentar venderse como estrategia necesaria de país más débil, frente a un Presidente psicológicamente inestable. Pero es inaceptable, porque “el que calla otorga” y ese silencio termina siendo una aceptación de la descalificación, que otro estado hace del pueblo al cual el estado mexicano representa en el mundo.

Y los pueblos suelen tener memoria para recordar a quienes los ofenden y también a quienes no los defienden.

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