Unidos contra los especuladores.Por Victoria Ginzberg, Desde La Habana.

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En la Cancillería celebraron que el documento final firmado por los 33 países respaldara la propuesta de buscar “una mayor estabilidad y predictibilidad del sistema financiero internacional, la reducción de la dependencia excesiva de las agencias calificadoras de riesgo y que se permitan los flujos de pagos a los acreedores cooperativos según lo acordado, desarrollando instrumentos que posibiliten acuerdos razonables y definitivos entre acreedores y deudores soberanos”. También, que se pidiera una “regulación más estricta y efectiva de las entidades financieras” y la “adopción de medidas para lograr mejores prácticas internacionales en flujos financieros”. Estas menciones, cuando está pendiente la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos sobre el reclamo de los fondos buitre, constituyen un mensaje político de apoyo de toda la región. En el Gobierno señalaban que este pronunciamiento iba en el mismo sentido que la mención que hicieron el domingo las presidentas Cristina Fernández y Dilma Rousseff a los “movimientos especulativos” que están operando sobre los países emergentes.

Funcionarios de la reducida delegación nacional que quedó en La Habana luego de que la Presidenta volviera al país recordaban que, más allá de la coyuntura que enfrenta la Argentina en la Justicia norteamericana, la condena a la especulación financiera es un tema que CFK menciona en todos los foros internacionales desde siempre.

Hay también otros temas impulsados por la Argentina que quedaron expresados entre los 83 puntos de la declaración de La Habana. Uno de ellos es, como estaba previsto, el respaldo a la Argentina en su disputa por la soberanía de las islas Malvinas, con énfasis “en que dicha disputa se resuelva por la vía pacífica y de la negociación”, dice el punto 50.

La Cancillería destacó, además, la declaración de la región como zona de paz (que implica el compromiso permanente de resolver las controversias desterrando el uso de la fuerza, la promoción del desarme nuclear y el respeto del derecho de los Estados a elegir su sistema político, económico y social), la condena a la pesca ilegal y la decisión de avanzar hacia una agenda regional apoyada en los principios de la cooperación Sur-Sur como herramienta para lograr el desarrollo conjunto, inclusivo y autónomo.

Otro tema que ya estaba acordado, pero no por eso poco importante, es que se reiteró el “enérgico rechazo de la región al bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba, al igual que cualquier otra medida coercitiva unilateral que afecte a un país de la región”. El Estado anfitrión fue respaldado asimismo porque se condenó la inclusión de Cuba en una lista elaborada por el Departamento de Estado de los EE.UU. de países que promueven el terrorismo internacional.

Los presidentes de los 33 países de América latina y el Caribe también señalaron que se debe evaluar “la posibilidad de que la región se dote de mecanismos apropiados para la solución de controversias con inversionistas extranjeros”.

En relación al pedido venezolano de inclusión de los movimientos independentistas de Puerto Rico, en la declaración se afirmó “el carácter latinoamericano” de ese país, que es territorio no incorporado a los Estados Unidos y establece el compromiso para que América latina sea “libre de colonias y colonialismo”.

“Unidad en la diversidad” fue la consigna que protagonizó la cumbre de la Celac. Muchos de los presidentes la repitieron e hicieron hincapié en sus discursos en la necesidad de profundizar la integración más allá de las diferencias políticas de los países en un bloque que incluye, por ejemplo, a Cuba, Venezuela y Bolivia y a Chile, Colombia, México y Perú (la Alianza del Pacífico). La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, se refirió a este tema al recibir la presidencia pro témpore de manos de Cuba. Dijo que la Celac “no había nacido para oponerse a otros bloques, sino para proponer, para sumar”.

La Celac se formó para unir a América latina y el Caribe por fuera de la injerencia de los EE.UU., cuyo foro de presión es la OEA (que integran los países de la Celac menos Cuba y más Estados Unidos y Canadá). Por eso, el hecho de que esta segunda reunión del organismo se hiciera en La Habana y que contara con la presencia de los secretarios generales de la ONU, Ban Ki-moon, y de la OEA, José Miguel Insulza, no fue un dato que pasara inadvertido: “Si alguien nos hubiera dicho hace tiempo que toda la región iba a estar reunida aquí en un proceso de integración, lo hubiéramos tratado de utópico. Pero aquí estamos”, señaló el martes CFK. De hecho, esta fue la primera vez desde que Cuba fue suspendida de la OEA en 1962 que un secretario general de ese organismo visita la isla. Pero la Cuba de hoy no es la misma de hace 50 años, aunque el cartel en la quinta avenida que llevaba desde el centro de La Habana hasta la sede de la cumbre señalaba: “La revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo”. Se trata de una frase que Raúl Castro pronunció recientemente parafraseando a su hermano Fidel, que dijo: “La revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo”.

Página 12,Jueves 30 de enero de 2014,  http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-238793-2014-01-30.html

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