Usando la rusofobia, un recurso psicológico y financiero exitoso en la industrias armamentística, mediática y en élites política de USA, Obama inaugura una nueva guerra fría para encubrir su fracaso en las elecciones

Foto: Reuters

Por: CLAPSI.

Que un Presidente de Estados Unidos termine su mandato, con la derrota electoral de una candidata como Hillary Clinton dueña de un gran currículum funcionario y político enfrentada electoralmente a un empresario sin experiencia en la vida pública, es un fracaso de gran calado que arrastró al Partido de ambos personajes a una debacle histórica.

Foto tomada de Los Angeles Times.

Foto tomada de Los Angeles Times.

Pero la magnitud de ese fracaso aumenta, cuando se conoce que los principales poderes fácticos de Estados Unidos, financiaron con miles de millones de dólares, la campaña más costosa que haya tenido un aspirante a la Presidencia en alguna parte del mundo. Más aún, cuando la gran mayoría de las empresas mediáticas y encuestadoras de Occidente, daban por descontado el triunfo de la Sra. Clinton.

El tema abre varias interrogantes y propone nuevas respuestas para el análisis político en esta época de declive de lo que hemos conocido como civilización. También obliga a reflexionar sobre el riesgo que para el mundo y sus habitantes pueden tener las interpretaciones amañadas y /o  sencillamente equivocadas, frente a la crisis civilizatoria.

Empecemos por el candidato que ganó las elecciones. El Sr. Trump , que cometió muchos errores para lo que hoy definimos todavía como sentido común en la política comunicacional, tuvo aciertos mayúsculos.

Detectó que no era una necedad de izquierdistas del Tercer Mundo el rechazo a las crecientes desigualdades en el reparto de la riqueza y a la globalización comercial y especulativa en la cual el poder de las empresas y bancos transnacionales se impone sobre los intereses de los estados nacionales y sus pueblos.

Que 62 personas en el mundo atesoren una riqueza equivalente a los ingresos de 3.600 millones de pobres , es un nivel de concentración y desigualdad que la historia del capitalismo nunca había registrado.

Trump se percató de que ese sentimiento de rechazo a tanta desigualdad, es compartido por millones de norteamericanos, que no recibieron ningún rédito de la gran crisis del 2008 y perdieron sus casas y sus ahorros y luego han pagado con impuestos y reducción de su nivel de vida, la recomposición de los activos de las mismas entidades que provocaron la crisis y multiplicaron sus recursos con las medidas de salvación que Busch primero y Obama después implementaron para preservar la estabilidad, sin que ninguno de los principales especuladores de la economía del casino que incendiaron, pagaran sus fechorías.

Trump tradujo ese diagnóstico acertado en un riesgoso discurso nacionalista y xenófobo, atractivo para la gente común, según el cual países como México, China y otros “explotaban” a Estados Unidos y eran responsables de la crisis social norteamericana, cuyo eje es la desigualdad. China , México y el mundo tienen que imaginar estrategias nacionales e internacionales novedosas, porque habrán cambios en el rumbo de la actual globalización.
Pero la interpretación errónea de Trump, tenía un fondo de verdad. No debe continuar en el mundo una globalización in-gobernada por los estados y los pueblos, en la cual las empresas sacan sus plantas productivas para explotar mano de obra barata en países del tercer mundo y luego venden sus bienes a precios por arriba de los costos más una ganancia razonable. Estados Unidos ha sido el paradigma de esa globalización injusta y sus empresas transnacionales las mayores beneficiarias.

Será Trump, empresario de derecha, quien inicie la reforma hacia la gobernanza de la globalización por estados y pueblos, reclamada por intelectuales críticos desde hace décadas, como ofertó a sus votantes norteamericanos? La historia tiene grandes sorpresas y esta, si ocurre, sería una de ellas…

La otra novedad que presentó Trump en su discurso de campaña fue coincidir con Vladimir Putin, en que el terrorismo y el extremismo eran los grandes enemigos de la paz en el mundo, a los que había que enfrentar y vencer, cuando el establishment que apoyaba a Hillary estaba empeñado en demonizar a Rusia y Putin como las principales amenazas a la seguridad internacional.

La lección de Putin en Siria fue clara. Apoyando al estado sirio con su poderosa fuerza militar aérea, Rusia ayudó a derrotar al estado islámico que había nacido y se había desarrollado con el apoyo de Arabia Saudita, Quatar y Turquía y la ayuda de Occidente, especialmente de Estados Unidos. USA y sus socios en el Medio Oriente tenían como principal enemigo a Al Assad, el Presidente sirio y por eso apoyaban, a través de Al Nusra, al llamado estado islámico, para derrocar a Al Assad.

Putin no solo impidió que el peor terrorismo se apoderase de Siria, sino también que USA y Occidente hicieran con Siria lo mismo que con Libia, a la que transformaron, derrocando y  asesinando a Kadafi ,en un territorio sin estado. Operación criminal que contó con el apoyo y el entusiasmo personal de Hillary Clinton, según revelan sus famosos correos electrónicos “personales”, mientras ejercía como Secretaria de Estado.

Ahora hay una permanente crítica a la posibilidad de que Trump y Putin puedan entenderse, aunque ello es positivo para la seguridad mundial.

A quienes puede perjudicar que los líderes de las superpotencias militares más importantes del mundo se entiendan y cooperen? Solo a los terroristas y sus apoyadores abiertos u ocultos, a los productores de armas que viven de y se enriquecen con la carrera armamentista nuclear y convencional,  a algunos estados europeos que cargan sus gastos militares al presupuesto de la OTAN financiada fundamentalmente por USA  , a las cadenas globales de la comunicación electrónica cuyo rating de sintonía tiene una relación directamente proporcional a su rusofobia, a DAVOS como cónclave de la globalización in-gobernada, a los ideólogos del supremacismo norteamericano en el mundo, para quienes siempre debe existir un enemigo externo que amenaza a USA, para unificar a la nación y enfrentarlo.

Las últimas sanciones de Obama contra Rusia, basada en la historia, nunca demostrada, de que los ataques cibernéticos y el apoyo mediático de la prensa rusa ayudaron a la derrota de la Sra. Clinton, sería un hecho risible sino buscara azuzar el enfrentamiento entre dos países, cuyo poderío militar ha vuelto a poner en la calidad de sus relaciones bilaterales la suerte de la paz mundial.

El enjambre de rusofóbicos y globalofílicos en USA y Occidente es muy poderoso y liderado todavía por Obama en sus últimos días de Presidente, tiende un poderoso cerco mediático, político y diplomático alrededor de Trump para impedir que el magnate cumpla sus ofertas más convenientes para la seguridad internacional y se convierta en una sorpresa histórica.

Que ocurrirá después del 20 de Enero? Es impredecible, porque el propio Trump no es predecible.

Lo que si es visible es el final poco elogiable de un Premio Nobel de la paz, que deja un legado menos malo que su antecesor Busch, pero muy pobre en comparación con las esperanzas que su elección generó en su país y en el mundo.

 En el legado de Obama no hay  ninguna nueva guerra iniciada por él, pero tampoco existe ninguna guerra engendrada por Estados Unidos plenamente concluida. Libia, Irak, Afganistán siguen viviendo los zarpazos del terrorismo con presencia militar norteamericana y estructuras estatales semi-destruídas.

Irán y el acuerdo internacional sobre sus planes nucleares pacíficos, está permanentemente amenazado.

El reinicio de las relaciones diplomáticas con Cuba ha sido un importante paso incompleto, porque las sanciones y el bloqueo sobreviven.

Los golpes de estado en Honduras y Paraguay, son obra de Obama y sus colaboradores. Y las vidas de los hondureños y paraguayos asesinados por los gobiernos autoritarios impuestos por Estados Unidos, son parte dolorosa del legado de Obama.

Y la carga más pesada de la Presidencia de Obama, es la nueva guerra fría que le hereda a su sucesor….

 

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